Para cuando su hermano llegó, Ollie se había quedado dormido con el mentón en la mano y el codo en la mesa. Frente a él, se encontraba un tazón de leche con cereales con forma de ositos de colores y en su otra mano, una enorme cuchara sopera descansaba sobre la mesa, sin haber sido usada. El cansancio le había ganado antes de que hubiera podido comenzar a desayunar y los ositos ya se estaban poniendo babosos dentro de la leche.
El golpe en la nuca lo hizo caerse hacia adelante y estuvo a pocos centímetros de meter su cara en el plato de leche. El tazón de cereal se volcó a causa del movimiento brusco, salpicándole la túnica y derramándose sobre la mesa para luego chorrear por ésta hasta caer en el largo banco de la mesa de Gryffindor y el regazo de Ollie. Todavía medio dormido, se levantó dando un respingo y no tardó en darse cuenta de lo que acababa de suceder. Enfurecido, se volvió hacia su hermano con la varita en la mano y le apuntó con ésta a la cara. "¡Simon pedazo de imbécil! ¿¡Cómo te atreves!?" Vociferó el muchacho molesto, dividido entre la necesidad de secarse las ropas y de desfigurarle el rostro a su hermano. Para colmo de males, podía oír al resto de la mesa de Slytherin y a algunos otros alumnos de las otras casas riéndose de su desgracia. -Qué manera de mierda de empezar un día- Pensó frustrado. Los dientes apretados juntos y las manos en puños (uno de ellos cerrado sobre la varita) mientras buscaba el hechizo correcto para atacarlo.